REFLEXIONA CAJEME VALE LA PENA LEERLO Y ANALIZAR, DUELEN LAS PALABRAS, ES LA REALIDAD DE CAJEME

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“Hoy me levanto y la primera noticia que veo es un asesinato en Cajeme; aquí no hay de otra, es el pan nuestro de cada día, aquí nadie hace nada por encontrar culpables, porque es muy grande el miedo, porque cada homicidio es solo un expediente más, guardado y olvidado.

Trabajar en un medio de comunicación me acerca a vivir, de cierta forma, este tipo de situaciones, y siempre que leía la nota o veía las fotografías, que a nosotros llegan sin censura, pensaba en la familia de las víctimas. Más de una vez pensé: ojalá que su pobre madre no vea esta foto. Muchas veces pedí a Dios que consolara a esas familias que perdían a su ser querido; muchas veces pedí a Dios no ponerme una prueba así, no tener que pasar por algo así, porque mis hijos son mi vida y los he cuidado y protegido a más no poder.

Sin embargo, desde hace 4 días mi hijo es una estadística más en los homicidios en Obregón, el “ejecutado número 42 del mes de mayo”, porque sé que hasta ahí quedará, y yo seré una madre más que se queda muerta en vida sin su gran amor, porque sé que las autoridades no harán nada, porque ya el crimen organizado las superó, porque es mejor quedarme callada por miedo, por proteger a mi familia, porque sé que nada me devolverá a mi hijo, porque mejor me refugio en Dios para que me dé fortaleza para vivir sin su presencia, sin su amor, sin sus abrazos y sus besos, sin escuchar sus planes de sacar adelante a su bebé, sin escucharlo planear su vida al lado de sus grandes amores.

En medio de esta gran tragedia que vive mi familia, es increíble tener que agradecer a Dios y sentirme “afortunada” de que mi hijo tenga una tumba donde descansar, a donde le pueda llevar flores y llorarle, es increíble que mi gran consuelo sea que no me lo hayan desaparecido, que no terminara como muchos otros, en una fosa clandestina, que no haya sufrido.

Agradecer que una bala cegó su vida de manera inmediata, agradecer que murió en un momento en que su vida era feliz, porque ese día me lo repitió muchas veces, mientras me enseñaba lo que compró para arreglar su casita, cuando en el aire hizo castillos de cómo quedaría su hogar. “SOY MUY FELIZ MA”,me dijo, con su mirada llena de emoción y felicidad. Con eso me quedo, con su último “TE AMO MA”, con lo maravilloso y hermoso que fue tenerlo como hijo.

Primero mi gran dolor me hizo desear que los que le hicieron esto se pudrieran en el infierno y pagaran con sangre y dolor lo que le hicieron a mi hijo, porque dejaron a una madre sufriendo, a un padre destrozado, a unos hermanos llorando por su compañero de vida y travesuras, a una hermanita que pudo haber vivido momentos hermosos con él, a una esposa que se queda sin su compañero de vida, a un hijo que se queda sin su padre tan amoroso que tanto lo amaba y soñaba con verlo crecer, con llevarlo a la escuelita, que
soñaba en levantarse, ponerle su uniforme, darle desayuno y dejarlo en sus clases, (entre tantos planes que tenía para su bebé), y a unos primos, tíos, abuelas y amigos llorando su partida.

Sin embargo, con el alma un poco más tranquila, le pido a Dios que Él los juzgue, porque sus madres no merecen sufrir como sufro yo. Sólo Dios puede darles lo que se merecen y sé que así será; tarde o temprano pagarán lo que le hicieron a mi hijo y lo que le hicieron a nuestra familia.

A Dios le pido que no nos suelte de su mano y que mi hijo descanse en paz.

Que Dios bendiga nuestra ciudad y a nuestras familias”.

Tomado del muro de OF