NACIONAL COMO HISTORIA DE TERROR “EL MATA HIJOS” El desgarrador crimen de un padre, asfixió y acuchilló a sus hijos ; “ME DUELE PAPI” esta es la escalofriante historia de la primera cadena perpetua en Coahuila otorgada en el 2006

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“Batallé un poquito con el niño, con la niña no, nomás (sic) le di una cuchillada, lloró tantito pero se calló”. -El mata hijos, de Frontera, Coahuila.

“La niña me dijo cuando le clavé el cuchillo: ‘Me duele papi'”; pero ni las dolorosas palabras de su pequeña hija le removieron la conciencia.

A 15 años de experimentar el dolor más grande su existencia, Silvia Javalera ha rehecho su vida; ahora tiene dos hijas que son su más grande bendición, conserva a su abuela que ha sido su gran fortaleza, trabaja en Alphabet y aún con un inmenso vacío en su corazón, ha aprendido a vivir en medio del dolor.

El 17 de julio del 2006, la región amanecía con una de las peores noticias. Carlos Roberto Mata Ramos de 26 años de edad, había matado a sus propios hijos, él mismo llamó a la policía para confesar y señalar el lugar donde los había dejado.

América de 3 años de edad (el 21 de julio cumpliría los 4) y Robertito, de apenas 1 año de edad, perdieron la vida a manos de su padre, quien estaba separado de Silvia su esposa desde un año atrás. Ella ya tramitaba el divorcio.

“Ni siquiera yo sé cómo estoy en pie… no sé cómo salí adelante…fue gracias a tanta gente que se mantuvo cerca, tanta gente que ni siquiera conocía, que venía y oraban por nosotros, por todos ellos es que sigo aquí, jamás se supera un dolor así, solo se aprende a vivir con él”.

UN MATRIMONIO DE INFIERNO

Silvia compartió que los problemas por los que se divorciaron, era precisamente porque Roberto era sumamente violento, no necesitaba ingerir alcohol o consumir drogas para serlo, de hecho, era un hombre sin vicios.

“El problema de él era mental, era un sicópata, pero nunca me imaginé obviamente que le haría daño a sus propios hijos, eso sí lo esperaba para mí, pero no para los niños.

Fueron casi 4 años que convivimos y soporté muchos golpes, demasiados, a mí me dejaba sangrada, me dejaba desfigurada de la cara, viví algo muy feo, una cosa horrible, aparte no trabajaba, sus papás le dieron todo siempre y era un hombre atenido, huevón como dicen”.

Los vecinos escuchaban los gritos de Silvia, y avisaban a su mamá y a su abuela que otra vez la estaba golpeando.

Fue hasta que un día, Roberto se fue a jugar fútbol y al terminar el partido se pasó a convivir con sus amigos, que una vecina y amiga de Silvia, la hizo reflexionar y la motivó a salirse de su casa, para evitar más violencia y tratar de vivir mejor.

“Me dijo mi vecina, Silvia escucho como te trata, te golpea, mira cómo te tiene, ¿por qué estás con él?, y así empezó a decirme tantas cosas y es como si me hubiera quitado una venda, pensé, es cierto por qué aguanto tanto, y no era por amor, era el miedo, porque él me amenazaba y me decía que me iba quitar a los niños, que se los llevaría de aquí y que yo jamás los volvería a ver, era mucho miedo y yo no quería dar problemas en mi casa”.

Pero gracias a la insistencia de su amiga, y al ver que Roberto no regresaba del partido, agarró valor, tomó un poco de ropa de los niños y de ella, se salió de su casa para irse a casa de una tía en Monclova y hasta el día siguiente regresó a la Borja, con sus abuelos y su madre.

“El ya estaba en la esquina, como no tenía trabajo se la pasaba esperándome, cuando ve que llego me dice vámonos, yo me armé de valor y le dije que no, pero ahí no terminó mi caos, él se la pasaba vigilándome en cualquiera de las dos esquinas de la cuadra porque como no trabajaba, sus padres le daban todo, tenía todo el tiempo del mundo”.

Silvia empezó a trabajar en la maquiladora Hanes, ubicada sobre la avenida Sidermex al sur de la ciudad, pero por fortuna, una vecina también trabajaba allí y le daba ride diariamente.

“Es que él se hacía cuentos en la cabeza, que yo andaba de cab… y me reclamaba aun cuando ya estábamos en trámite de divorcio, por eso yo no podía andar sola ni en camión, porque sí era capaz de golpearme, un día llegó a la maquiladora y me pescó en la entrada del trabajo, pero gracias a los vigilantes no me pegó, porque me agarró del brazo y quería subirme a fuerza a la camioneta, pero yo pedí a los guardias que me ayudaran.

No creas que lo que me hizo con los niños fue lo primero y último, yo viví un infierno con él, una ocasión golpeó a mi mamá, en otra a mi abuela, otra ocasión casi nos atropella en una camioneta de su papá, a todos, y cada cosa que él me hacía yo iba y denunciaba al Ministerio Público, pero no le hacían nada, las leyes nomás no, y además sus papás en vez de hablar con él, lo apoyaban en todo, hasta le pusieron dos licenciados porque como no lo dejaba ver a los niños, los pelearon legalmente”.

JUEZA CONCEDE AL PADRE “ULTIMA OPORTUNIDAD”

“Mi licenciada estaba enterada de todo, todo lo que él nos hizo estaba asentado en el expediente y aun así, la juez (no recordó su nombre) le concedió una última oportunidad para poder convivir con los niños, alegando que era el papá y que tenía derechos”.

Entre esas fallas que Carlos Roberto cometió, además de la violencia reiterada hacia su esposa y la familia de ella, aun separado, fue llevarse a América durante 15 días a Ramos Arizpe, sin la autorización de su mamá.

“Me decía que estaban secuestrados, pura mentira, también eso lo sabía la juez, todo estaba en el expediente, y aun con todo lo que le comprobé, se hizo de su lado, le dio una última oportunidad, pues nada más fue para eso… al mes y medio de haber conseguido que los niños estuvieran con él los fines de semana…”

“NADIE SE ATREVIA A DECIRME”.

“Pues te digo, le concedieron la autorización de convivir con los niños y se los llevaba sábado y domingo, pero ese domingo no me los regresó. Mi mamá y yo estábamos en vela, yo traía pura primera en ese trabajo, nos venció el sueño, no sé a qué hora nos quedamos dormidas, pero antes de eso le dije a mi mamá, que se le habían acabado las oportunidades, que a primera hora del lunes hablaría con la licenciada para que le retiraran la autorización.

Eran las 6 de la mañana, yo me estaba preparando para irme a trabajar y mi abuelo también y en eso llegan los judiciales preguntando por mí, salimos mi abuelo y yo, nos piden ir al Ministerio Público de Frontera, pero no nos dijeron el motivo, con el ruido se despiertan mi mamá y mi abuela bien asustadas y al ver que nos llevaban, gritaban por qué.

Los judiciales decían que no pasaba nada, que si querían nos podían alcanzar allá, y mi mamá se puso histérica y gritaba entonces por qué te los llevas, y así, no entendíamos nada, pero nos subimos a la patrulla mi abuelo y yo”.

Pese a lo que ocurría, Silvia jamás imaginó lo que estaba por vivir, lo que cruzó por su mente era que quizá, como Roberto manejaba muy rápido y feo, había tenido un accidente.

“Yo le llamo a mi licenciada y le digo dónde me tenían, le digo que lo único que quiero es que me den a los niños para irme de ahí, en eso llegan mi mamá y mi abuela con mis hermanos, y mientras esperábamos, ellas escuchan las pláticas de los trabajadores del M.P y empiezan a decir que si ya supiste que mataron a unos niños en la Borja, y ellas pidiendo a Dios que no fueran mis hijos.

“Desde las 6 de la mañana, nadie me había dicho nada, hasta las 11 que nos meten a una oficina ben chiquita, a todos los de la familia y judiciales y había trabajadores.

Hasta que mi licenciada se sienta a mi lado, me agarra la mano y me la empieza a apretar, cuando hace eso yo tuve un presentimiento horrible y todos se me quedaban viendo, y recuerdo que le dije, -yo no sé qué esté pasando pero lo único que quiero es a mis hijos para irme de aquí, lo que le haya pasado a él no me interesa-.

Pero ella me aprieta más la mano y me dice, -es que yo quiero que seas muy fuerte-, haz de cuenta que ahí me dijo todo y me lo dijo tal cual, -es que te los mató-, en ese momento todo me dio vuelta, perdí la noción de todo-.

HASTA LOS JUDICIALES LLORABAN

Recuerdo puro caos alrededor, los gritos de mi mamá, todos llorando, fue una cosa tan fuerte que hasta los judiciales lloraban, fue algo muy feo, y en mi incredulidad les pido que me digan cómo pasó, yo seguía pensando en el accidente porque manejaba horrible, nadie me dio detalles.

Antes de entregarnos los cuerpos me traen a la casa, tratando de que me calmara, pero cuando llego había un mar de gente, prensa y todo, yo seguía sin creerlo, pensaba que despertaría y vería a mis hijos.

Entré a la casa y me acosté a llorar, nadie me decía nada, para cuando nos entregaron los cuerpos, yo no supe nada de trámites ni quien los hizo, por fin nos hablan para reconocer los cuerpos y fue mi abuelo, él era un alma de Dios, pobre de él, como era un hombre tan callado, los vio pero no lloró, se tragó todo.

Cuando llegamos a la funeraria, yo seguía pensando que cuando viera a los niños no serían mis hijos, pero entran las cajitas blancas, las acomodan, me acerco y veo al niño, ahí tuve que aceptar la realidad, cuando veo a la niña, yo juraba que no serían los míos… horrible…es lo peor que puede vivir un ser humano y la manera, porque cuando están enfermos, tienes tiempo de ir aceptando que pueden morir, pero así, de repente, sanos, mi niño apenas empezaba a caminar, empezaba a hablar, mi niña esa semana apenas iba cumplir los 4 años.

Llegó tanta gente de todos lados y alguien tontamente dejó un periódico ahí, lo agarré queriendo saber cómo habían pasado las cosas y la sorpresa que me llevé, porque nadie me había dicho cómo había pasado, era un golpe tras otro…nunca me imaginé que él iba ser capaz de hacer eso, me derrumbé…

Hasta la fecha me sigo preguntando por qué a mí, por qué a mis niños, pero son preguntas que quedarán sin respuesta.

PADRE Y VERDUGO CUMPLE CADENA PERPETUA

Carlos Roberto Mata Ramos, fue condenado a 95 años de prisión, siendo ésta la primera sentencia de cadena perpetua en Coahuila, dictada por el entonces juez penal, Hiradier Huerta Rodríguez, actual Magistrado del tercer tribunal distrital.